martes, 2 de noviembre de 2004

corazón, no me siento perdedor

Oigo el silencio,
el viento, el río,
el murmullo secreto,
oigo tus ojos viniendo,
escucho el habitante interior,
el que no habla pero está,
el que no grita, pero duele,
el que me mata,
el que me mueve,
sigue en su lugar,
pero hace tiempo que dejó de funcionar,
es inercia, como la gravedad,
como el tiempo, como la vida,
es la pregunta,
y tú eres la respuesta,
pero no quiero preguntarle si vendrás,
él ya sabe que no,
él está triste, como yo,
lloramos, caemos,
pero seguimos en pié de guerra,
estamos hechos a prueba de un millón de balas,
cuando termine tu turno,
cuando tu pequeño arsenal suicida,
haya resultado ser, poco o demasiado,
cuando veamos el efecto de esta guerra interior,
podremos decir, con nuestras dos voces,
en voz alta, o en susurros para decepciones,
que luchamos contra ti,
y no fuimos Cesares, porque
llegamos, y no sabemos si te vimos,
porque te vimos, y no sabemos si vencimos..
porque no nos importó morir de pié,
y esta vez, por una vez, no quisimos vivir de rodillas,
porque nos dolió verte por última vez..
No sabemos nada, él y yo,
estúpidos los dos,
ignorantes,
terminamos esclavos,
de nuestro propio lema,
de nuestra propia ilusión,
pero por una vez, y no se lo digas a él,
estoy feliz, y
por una vez, no me siento un perdedor...

2 comentarios:

  1. ¡Qué bueno Baba! según lo
    copiaba lo he ido leyendo.
    Es un gran texto :)

    María

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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