martes, 27 de septiembre de 2005

en el primer tren de lejanías...

Yo tampoco diría tanto. Quiero decir, que si cerré es porque quise y solo por eso. Y porque ya nada es tan importante. Todo es relativo, relativo a ti o relativo a mi. Y no cierro porque hablasemos ayer y no te dieras ni cuenta. Lo hago porque hace tiempo que lo tenía pensado. Y cuando pienso demasiado una cosa, o la mato o me mata, y deberías entender que no puedo morir siendo un sub'21. Sería larga la lista de visitas a tus ojos, y de caramelos robados a niños pequeños, porque en todo lo gentil hay algo de malvado. Sería más larga aún la lista de disculpas que merece un marinero sin barco, y sin amarre, y muchas veces no las recibe. Cuanto miedo me da el mar, y sin embargo hoy volvería a meterme en él, como cuando era pequeño y usaba flotador.

Necesitaria algún que otro flotador, muchas caridades, y ciertas contra-adicciones para seguir escribiendo aquí. Un lugar que me fue extraño tanto tiempo, y que quince meses después se vuelve a alejar. Un exilio de los que dolerían menos, salvo porque son propios y en mayúsculas. Si no cerré antes, fue por titubeo, y por decirte las últimas cosas que deberías saber. Yo titubeo mucho, casi tanto como tus caderas. Aún tengo uno de tus acertijos en la cabeza, y sé que después de éste, no habrá más. Ya no habremos más. Ni malos entendidos, ni buenos con chaqueta de cuero. Y todo será respirar tranquilo. Ya no hablaré en la ducha con el agua a presión contra la boca diciendo "no me necesites, si luego no vas a estar". Ya no escribiré. Ya no te veré comprando mi vida en el mercado. ¡Al peso, todo al peso! Ya no habrá canciones tan tristes como tu risa enlatada en cintas de video -escuchen a Pablo Ager si pueden-, ni letras dedicadas. Volverán a existir todas las horas del día, y todos los días de la semana. Los años tendrán trece menos un meses. Y reíremos, por separado, obvio. Tendré el pasaporte siempre a mano, para viajarte. Y si algún día no puedo viajar más, desapareceré. Lo dejaré todo, como tantas cosas me han dejado a mí. Cualquier nombre de enfermedad o de flor, me valdrá. Escucharé con Malicia, las andanzas de siempre. Me mudaré de planeta, y alquilaré una playa en medio de la montaña. Será todo coherente, como siempre debió ser. Ahora que te quiero y no, que por fin "no" es algo amable, y que acaricia a las personas. Y he roto casi todo lo que tenía que romper, porque sigo siendo lento, puedo apagarme. Y brillar con las estrellas que duermen de más, y no echan de menos. Y hacer cosas ilícitas. Ahora que sé demasiado y está todo bien porque me descubres a traición. Me gusta el chocolate blanco-y-negro, como nuestros ex-rincones.

Supe que habría un momento en el que tendría que olvidarte, y no sabría CUANTO. Y en el que debería dejarnos aparte, y no sabría COMO. Todo lo que no supe entonces, lo tengo ahora en la mano. Lo mejor de todo es que ya he sido un gigante con piés de barro, y ahora soy un canijo con la camiseta sucia. Y se me empieza a caer el pelo, ¡siendo un sub'21, por dios! Ese es el problema. Que el pelo se caiga, y las hojas de los árboles se inmolen. Porque ellas no se caen, se tiran..nadie viviría al lado del mismo árbol toda una vida, o no como el primer día, porque de esos solo hay uno. Y volar, y volar, y volar. Hoy que te puedo mirar y no me duele. Que todo lo importante de la vida me cabe en una frase, y trepo por mis tejados, es cuando puedo cerrar mi amor, (y) mejor me voy..

Ya lo he aguantado todo Y una sonrisa tampoco me podría hacer tanto mal, pero a pesar de ello, te pido que no. No se escriben dos historias iguales. Encontraré otros lugares, y la decadencia seguirá vistiendo jersey de cuello alto. Al fin y al cabo, nos reímos con esto, y conjugando verbos irreverentes. Pensaba que iba a ser más ordenado en mi exposición, en este cierre de cortinas -o cortina de humo-, pero me releo, por primera vez en quince meses y no he sido ordenado. Mejor. Es el momento de las Mentiras Elegantes, de escribir las canciones de un disco que lloraremos, y no saldrá a la venta..con voces amigas e instrumentos ajenos. No doy nombres. Siempre está todo el mundo invitado a cantar, incluso los que no sepan. Yo el primero. Y sigo sin verte..

es mi angel de la guarda, el que siempre trabaja,
desde el centro del mundo recordando tu fragancia

(...)

que sople el viento por encima de los tejados más nobles,
que anestesie al pasado y los recuerdos que los borren...


mira, amor, como sale el sol igualmente, dulcemente..

y que lo malo quede para la última cena...
Buscaré mi buena estrella, la encontraré, y entonces...
fue realmente un placer, cruzarse con ustedes.
Por favor, que alguien escuche alguna de estas 4 canciones mientras lo lee, y si puede las 4. Es lo único que pido, el último tiempo que robo

miércoles, 21 de septiembre de 2005

días mojados

Me he quedado a vivir en tus silencios de después. En los ecos de tu risa, en tus colores. Sobran habitaciones desiertas en todos mis rincones y en mis labios. Ciego por voluntad expresa.

Ya no te busco. Ni a ti, ni a tus bailes en parques de otoño. O disfrazada de princesa olvidada. Ya no lloro canciones para dormirme en tus manos. Ni bebo, ni caigo. No me mojo en la ducha debajo de la palabra lluvia. Ahora me dedico a tocarte en el metro en otros cuerpos, y a escribirte en farolas sin luz. Sin luz y sin motivos.



He domado a las olas buscando el camino menos adecuado para no encontrarte, y ya no le temo al mar.

Ahora que vivo de lo que recuerdo, y recuerdo poco, me he quedado en vela. Por eso he despedido a la arena de todos mis relojes y he vetado tus discos. Por eso aún me desmayo si veo tu fotografía y me miras. Y el sol me quema la garganta.

Porque sé que ya no somos posibles, y porque aún quiero, un slow with you tonight, bailando en mi caja de música.



perdimos el mundo en el viaje de vuelta a casa...







por más que yo quiera olvidarte,
y tú ni lo intentes

jueves, 15 de septiembre de 2005

...

Siempre quise vivir en un pueblo de mar sin mar. Y sentarme en la orilla y ser mundo. Para ver venir las olas, y las sirenas en auto-stop, llorando poemas y sal. Escuchar tus canciones en caracolas marinas, y bailarte en estrellas de mar.



Siempre quise servirte el desayuno entre flores mojadas, y vasos opacos. Con leche y dos de azúcar. Y olvidar mi maldita alergia al pasado, la leche, y el azúcar. Contarte, por ejemplo, que en el trabajo me han despedido por exceso de alegría, y que en el mercado me miran mal porque te quiero. Y que algunos nos han borrado los nombres, pero seguimos vivos. Que detrás de nuestras huellas, ya no hay zapatos sino besos. Y que algún detective nos sigue el rastro.



Sería genial, llegar al fondo de ese mar y enterrar nuestros tesoros. Tu mirada azul, mis abrazos, tu corazón, y mis labios. Sería genial, créeme. Serían eternos en manos de nadie. Y verían crecer la vida tras un rompeolas marchito como septiembre y caduco como una reja entre fábricas viejas.

Siempre quise contarte esta historia, tumbados sobre la hierba del día que nos conocimos. Y acariciarte los piés descalzos entre lluvia fina. Y lloverte yo también, mientras tú me regalas estrellas caídas del cielo, antes de ir a cenar.



Lo mejor de todo, es que ya lo hice y además, lo recuerdas.
Y nada es para siempre, pero nosotros también...

lunes, 12 de septiembre de 2005

frío



De notas tristes y miradas perdidas se llenó nuestra cama. Nuestra cama de sueños contados a ritmo de blues, y algo de resaca. Donde te toqué por primera vez los labios, los párpados, y la sien. Donde besé las notas del piano de tu piel, improvisando en do menor. O mayor. Una cama de madera, a la antigua usanza. Como las que veíamos en las películas de esa filmoteca en ruinas, que cerró por culpa de la letra pequeña de un contrato. Así cerramos nosotros también nuestras vidas. Por culpa de esa letra pequeña, tan pequeña como yo, que nadie lee. Por culpa de esas letras que decían "el día que me quieras, no me quieras por favor". Y así tuve que hacerlo, obligado. Con dolor, con mucho dolor. Y con lágrimas que ya no me salen.
Con cielos grises y palabras prohibidas he llenado tu ausencia. Tu ausencia de presencia y perfume. Con cartones viejos, escritos por ambos lados, con pedazos de ti, he tapado los huecos que dejaste. Duelen las frases. Dueles tú. Te pienso cuando no estás. Te imagino desde que te fuiste. Te quiero siempre. Ahora, seguro, te subirías el jersey hasta taparte la nariz, y me dirías "no estoy". Y te creería. Como tantas veces he creído en la vida. Como tantas veces soy yo el que se esconde dentro de un gorro de lana y lo bajo hasta los ojos, y te digo "no te quiero", y entonces eres tú la que no me cree.

Los gorritos son para el verano.

jueves, 8 de septiembre de 2005

lo más difícil de todo es la despedida de quien no te puedes separar


para rojo, verde y azul

Ahora visto inviernos prestados, inimaginable para ti. Antes de conocernos, antes de nunca, no habrías dado un duro por mi, y ahora tampoco. Pero es el precio que hay que pagar, supongo, por vivir. Se agradece que a tu lado, la vida haya sido vida y que la pena haya sido pena. Por fin. Por una vez.

Yo me declaro culpable de todo lo que ha sucedido, y de lo que no. Porque fui yo quien te fue a buscar, y el que te trajo a este camino de cardos. Yo te hice perder. Te hice romper promesas que nunca prometiste, y te hice volver a nacer. Demasiado para ti. Incluso, si hay que ser estrictos, te hice querer a chicos con remeras negras, y peinados down. No te merezco.

No te olvides de odiarme, porque debes hacerlo para liberarte. Ni de olvidarme una vez a la semana, o dos. Esto que te digo, no es prescripción médica, pero cumplelo. No es una certeza, pero seguramente, nos volveríamos a hacer daño, en cualquier lugar. Y entonces, tú serías culpable también, y no quiero eso. Porque yo soy profesional en comerme la pena, y el olvido, y tú una amateur que viste jeans de quince primaveras. A veces la primavera no es una gran estación, ni un buen apellido, por eso buscamos el calor del invierno. Para dibujar en blanco y negro, lo que en verdad no tiene estilo. Por eso vestimos inviernos lejanos y ajenos. Para salvarnos. Para salvarte.

Algún día lo comprenderás...