jueves, 13 de diciembre de 2007

Te miré a los ojos y supe que habíamos cambiado, seguramente a peor. Seguramente a peor porque ya no nos duele mirar y que no haya nada, o porque ahora siempre estamos rendidos. Seguramente a peor, que es lo mismo que ya no importarnos y que escapar corriendo. Pero eso no fue lo más importante, porque a pesar de todo te miré a los ojos..y estabas conmigo.

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Y no te vayas nunca, porque un día cambiaremos a mejor.

lunes, 19 de noviembre de 2007

...compra dos de leche pero no te olvides de mí...



te quiero desde donde se encogen los ojos y el mundo. y las palabras desfilan desnudas tratando de ser más precisas. desde el baile que quiero que hagamos dormidos en la espalda de una hormiga. y la cerilla gastada que quema si no estamos solos.

te quiero desde hace algún tiempo y no me arrepiento. desde el balcón más oscuro del barrio del puerto. en la ola más triste que rompa en el viento. y en el faro más gris que acompañe a la noche.

te quiero en cuclillas desde mi ventana. y en el el labio más débil de cuantos besé. en la orilla del nudo de tus sentimientos. en el cuento que inventas cuando todo está bien.

te quiero desde donde la vida es más larga y el rastro se pierde. y puedes contar las estrellas del cielo sin perder la cuenta. desde donde la nieve se esconde en invierno y se rompen las manos de tanto soplar.

te quiero desde el mapa que marca las horas, y tiene prohibido decir que estás lejos. desde donde sea que quiera que quieras te quiero, y desde hace algún tiempo ya no me arrepiento

domingo, 11 de noviembre de 2007

...de porque todo el mundo tiene prisa y tú solo sonríes los domingos...


La tristeza de Julia, como casi todo en esta vida, nació de una promesa y una traición, y esa tristeza la acompañó para siempre como un perro lazarillo acompaña a su dueño, sin rechistar. Por supuesto a ella le hubiera gustado encontrar un motivo o un desliz para engañar a su propia mirada y creer que la felicidad existe más allá de los días en que todo era mejor, y él estaba con ella, y ella le quería a él, y la distancia a pesar de ser una mentira, no dolía tanto como todas las mentiras. Y bueno, a Julia también le gustaban otras cosas, como coleccionar azucaritos, o pintar retratos, hacía retratos muy buenos en verdad, y una vez le habían ofrecido exponer en la galería de la Calle del Sol, pero por problemas de timidez y arrepentimiento decidió no compartir su obra. Tenía un miedo muy grande a que alguien le dijera que eso no valía nada, y terminar pensando, si es que no lo pensaba ya, que aquello significaba que ella tampoco valía nada.
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La palabra miedo resume muy bien lo que ella sentía todos los días al vivir, porque no entendía este mundo como un lugar donde pasar los días, sino como un reloj en el que consumirse.
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Además irremediablemente.
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Pero yo la vi sonreír y sé que fuimos felices.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

a, b, c


Escribimos todas aquellas palabras una detrás de la otra.

Felicidad. Volar. Pájaro. Bicicleta. Norte y Sur. Astigmatismo. Aurora. Beso. Jarrón. Azul claro. Oscuridad...y estrella. Terminamos con estrella porque nos gustaba la manera en que dejaban de mirarnos por la calle después de tantas noches esperando. En el banco de enfrente, sentado sobre su chaqueta, un borracho nos pidió tres veces que añadieramos "cerveza" y luego se durmió de lado como si no tuviera nada más importante que contarnos o no supiera otras palabras.

Ya otras noches habíamos escrito palabras distintas, pero en otras noches eramos personas distintas. El valor de las cosas se evaporaba al mismo ritmo de los días. Las promesas de un lunes no volvían a existir nunca más. Promete y verás que nada importa tanto, que ninguna cadena te ata a tus palabras de forma tan fuerte que te obligue a nada. Otras noches habíamos escrito en esos bancos que ya no volveríamos más, que podíamos correr hacia el centro de la nada sin zapatos, o que si el cielo decía "papilla", nosotros imitaríamos a los cisnes. También una vez escribimos que nos gustabamos pero que no nos queríamos, y que al menos con los bancos íbamos a ser sinceros. Y nada de eso sucedió después. No fuimos cisnes, no corrimos demasiado ni hacia la nada ni hacia ninguna parte, no pudimos volar..y nunca nos quisimos.

Nuestra puta existencia se limitaba a cambiar de banco como quien cambia de ropa, y escribir nuevas mentiras. Luego mirabamos al borracho, que nos decía cerveza, cerveza, cerveza, para que supieramos que él, y sólo él era el hombre más feliz del mundo, porque a él le bastaba una sola palabra para decir tres verdades igual de grandes que toda nuestra desdicha.


¿Sabes que te digo? Cerveza, cerveza, cerveza, creo que te quiero.


miércoles, 18 de julio de 2007

julio a los ojos del sur


Yo en verdad tenía mucho miedo de sus manos, y de que en cualquier momento ella empezase a llorar y rompiese todos los recuerdos. Y que se pensara que esto era solo un plan, una idea, una mala manera de hacerla sufrir. Porque ella solía pensar que las cosas buenas eran obra de Dios, y las cosas malas ocurrencias mías.


Como que aquella tarde aquél teatro estuviese cerrado justo para nosotros y además lloviese. O que se agotaran las entradas para el concierto de aquél tipo que decía “mañana es hoy pero sin ti”. Como si todo fuera una provocación a una banda de asesinos.


Realmente tenía miedo de que ella descubriera que aún la quería, porque eso me quitaba cualquier posibilidad de controlar la situación, cualquier posibilidad de poder escapar de verdad.


Quererla me hacía tan vulnerable como un cuerpo bajo el sol.


Riesgo. Sólo riesgo.


Me sentía débil como un tren de cercanías. Como un abrazo.




Querer es solo otra forma de decir adiós.


sábado, 9 de junio de 2007

verdad núm. 1 (la vecina del quinto) & después seremos mentira

. . . La vecina del quinto me recuerda a todas las primaveras y a todos los jardines. A una abeja a punto de picarme en la nariz. A una flor que elije como nombre ser feliz. Me recuerda que las casualidades no existen, suceden. Que un poco de lluvia te haría sonreír. Sonríe y me refresca la memoria como cuando tú cierras los ojos al cruzar.

. . . .Y aquélla mariposa se sabía nuestros nombres.

. . . .Me recuerda a aquel barquito de papel naufragado en manos de aquel niño. A un poco de arena en los zapatos, y a un “hoy no te llamaré”. La vecina del quinto me recuerda que aún no es tarde. Y que querer no es de valientes ni cobardes. A la canción más triste que escuché, pero sin miedo. A todo aquello a lo que un día renuncié. También dice que la vida es un pequeño huracán y que hay que saber escucharlo. Que con lápiz y papel nadie nos gana, y que te puedo dibujar mejor que bien.

. . . .A decir verdad ya no me quiere, y hay demasiadas pistas falsas por las calles, pero tengo amigos y tengo necesidades que explican sobradamente porque, por una vez, voy a creer en los vecinos.

mentira núm. 1 de la vida (tú) & vendrán más...


Cuando era pequeño tenía miedo de la noria, del cielo, de ti. No me subía a ninguna atracción que subiera más de un palmo del suelo, o diera vueltas más deprisa de lo que yo era capaz de quererte. No miraba a ninguna chica que me supiera como tú, te miraba a tí. Quería ser una bicicleta roja, o un ladrón. Quería verte pintar mis paredes, olvidarte. Decirle a todo el barrio que la chica más guapa algún día me quiso, pero que no iba a dejar sus sueños por mí ni por nadie. Y que estaba bien porque todos necesitamos una ilusión aunque no sea recíproca. Queríamos invierno y no estar tristes. Quería no pensar que las cosas suceden o no dependiendo exclusivamente de una moneda lanzada al aire. Colores. Quería creer. Gozabamos de perfecta salud y de mala memoria, como aquellos días de lluvia. Como aquellas canciones de cuna. Cuando era pequeño todo el mundo ardía en nuestras manos y nada ni nadie lo podía negar. Estábamos juntos. Sabíamos que tarde o temprano íbamos a encontrar un lugar mejor, un lugar en el que encajaríamos perfectamente, y también sabíamos que ese lugar podía doler, y no ser el mismo para los dos. Que nos podíamos cruzar en el metro y negarnos en silencio.


Se apagaron todas las farolas de la ciudad y algo de cielo. Los gatos salieron a buscar algunas vidas rotas, como los mendigos buscan su pasado y el hambre en la oscuridad. Como los niños idiotas se quieren y se besan y nadie les dice lo que está bien y lo que está mal. Y tú me dijiste que me querías.


Año 1993. Año 2007. Espejos.




Espero que sea la última vez que me dices te quiero y no me puedes querer.

jueves, 17 de mayo de 2007

say blood

Imbatible. Me sentía como los Mets la temporada sesenta y dos, y como los chicos que corren más que tú, y que precisamente por ello son mejores que tú. Corren tanto que pueden desaparecer de tu vista antes de que empieces a odiarles, y eso les otorga todas las ventajas.

Ardía la taza de café pero yo la cogía con fuerza y sabía que todo lo importante de esta vida me cabía en una sola frase, y que no iba a llegar tarde esta vez. También sabía que tú no me dejarías morir contigo, pero sí me dejarías morir por ti, y saber eso me hacía sentir como uno de esos chicos veloces. Me hacía sentir mejor que tú. Como si pudiera escapar de mi presente y de tu olor tan amarillo y exhausto.

También pensaba a menudo que esto era solo una intuición, y que en realidad yo era tu marioneta y no podía bailar si tú no movías mis hilos. Una apariencia de mi mismo, espectral. Como una cortina de humo, como una salida en falso en la final de los cien metros lisos de los Juegos Olímpicos.





Pero yo siempre supe que al segundo fallo estaría eliminado.

domingo, 13 de mayo de 2007

zapatos de tacón

Cerró la noche y tu ya no estabas aquí para escucharlo. Nada volvería a ser igual, ni siquiera el olvido, ni siquiera aquella manera estúpida pero sincera que inventé de decirte que te quería. Tuve miedo, como cuando el cielo amenazaba tormenta y no encontraba mi paraguas. Tuve miedo como todas aquellas veces en que movías los labios y no me decías nada. Y pensé que el equilibrio nunca está en el centro, porque nunca está a la vista. Porque el equilibrio no quiere ser una presa -tan- fácil ni un ejemplo de nada.

Camino a tu casa tarareaste aquella de los Hurricanes que decía que al final solo se recuerdan las cosas que duelen, mientras una chica rompía el cielo con sus propias manos y yo quería que el viento soplara muy fuerte y se lo llevara todo.

Y al final, ya ves, lo único que puedo te asegurar es que al despertar estabas más guapa que nunca.

martes, 1 de mayo de 2007

Nunca he matado un ángel pero lo haría por ti.

Y después te mordería los labios sin cesar como delatándome. Para que sepas que aunque no me atreva a decirlo puede que te quiera. Y te soplaría en las manos porque es lo ultimo que esperas de un imbécil con las manos tristes.

Me casaría con tus ojos y luego te lo contaría. Pero te daría igual que el cansancio que arrastren mis dedos sea blanco o negro. Y también el color del cielo del día en que me suicides y quieras que parezca que fui yo.

Te agarraría la cintura antes de caer. Porque caer es el paso más importante de cualquier baile y de cualquiera de todas nuestras próximas vidas. Y queremos hacerlo bien. Queremos saber caer.
Mataría un ángel como en una de aquellas películas y luego me entregaría a la policía, para que supieran que al menos tenía un buen motivo.

lunes, 23 de abril de 2007

En tus ojos se adivinan todas las despedidas y la distancia.

El olor de las cosas errantes que no van a volver.
El silencio que queda en el mar cuando todos se duermen y nadie te llama.

Y aquel ruidito de cristales rotos que ha de ser tu corazón –tiene que serlo-.
Como una sonrisa pintada en la cara de nadie.

Si aprietas las manos muy fuerte sabes que nadie te espera, y yo sí.

Un domingo por la noche fui a buscarte y estabas cerrada.

A veces los tigres me cuentan secretos que están en tus piernas, y azul. Y el timbre revienta como una última oportunidad para acariciarte.

Debajo del puente hay colas de suicidas fallidos que quieren volverlo a intentar. Y tú te la quieres jugar con los números pares.

¿Sabes porque la cago tanto? Porque de tanto quererte creí que eras real.

domingo, 22 de abril de 2007

decálogo de incertezas y a pesar de todo no me querrás

Yo necesito de ti y no es cuestión de tiempo, porque los bomberos también necesitan de los incendios y del fuego, y porque me gusta como sonríes. Y porque se me hace extraño, y ti, no eres tú, ni tú mejor amiga, ni todas las veces que me dijiste que no, o que pensabas mi nombre, o que creías en mi. Ti es un lugar que quiero descubrir, y que está cerca de tus manos y de tu manera de entender las cosas. De tu dulce manera de entender que no siempre podremos estar a salvo. Y arena y cafeína. Y te necesito porque antes no te pude saber. Y porque aunque no nos guste pelear tenemos nuestros ejércitos y no vendrá nadie a rescatarnos si no lo pedimos. No pedimos nada por ahora. Y porque hay flores estos días, y mucha tela por cortar. Y un pantalón manchado de sal y de lluvia que me contará como te puedo hacer feliz, o como se escribe tu nombre en verdad.
Me llamarás y no podré escapar corriendo.
No te puedo encontrar.

jueves, 19 de abril de 2007

un progetto di vita

A ella le supo a derrota, y yo solo la pude abrazar. Como cuando eramos felices y nada se parecía demasiado al olvido. Como cuando todavía teníamos intactas la fe y el corazón. Ella dijo que no volvería a pensar en mi, y que odiaría todas las cosas que hicimos juntos, y lo cumplió. Yo dije que detrás de todas las puertas hay algo de verdad y algo de mentira, pero que a pesar de todo la abrazaría todos los días del resto de mi vida y no lo cumplí. Y pensé que las promesas dolían tanto como el silencio, pero eran peores. También pensé que era más facil romper una promesa que un silencio aunque a veces parezca lo contrario. La miré como queriéndome morir en ese instante. Ella juró que la culpa no era del mar, pero yo sé que sí. Y que la culpa no era del frío, pero yo sé que también. Lloré. Supongo que de aquella manera en que lloran los que se han equivocado, o tal vez de un modo peor, porque yo elegí equivocarme. Cuando ella lea que no existo sonreirá, y querrá que sea verdad. Tal vez no, tal vez sólo querrá creer que es verdad, y en verdad da igual porque nada importa tanto. Ella nunca me quiso.
Y eso me supo a derrota, y ella no me quiso abrazar...

martes, 3 de abril de 2007

Yo no te prometí ni la vida ni tu suerte. Ni nada que no dependiera de mí o de mi capacidad para hacerte feliz. No te prometí virtudes ni defectos, ni siquiera maneras de huir corriendo si alguien nos quería olvidar. Ni un montón de cielos para ponerte a salvo, ni un colchón de estrellas donde pernoctar. Tampoco una sonrisa sincera todas las mañanas del resto de nuestras vidas, o una batidora de última generación. Ni más tiempo y menos dolor. No te prometí poder con todo, o aguantar hasta el final. Ni que después del mar abriría más mares, o lo borraría todo. Ni un par de patines, o una obra de teatro perfecta en la ejecución. Ni fingir que soporto a tus padres, o que con un beso te perdono todos los puñales. No prometí que la vida iba a ser un lugar hermoso, o que te iba a esperar por los días de los días, amén, amén, amén. Solo te dije que siempre iba a pensar en ti, y cuando digo algo lo cumplo.

Y por eso digo pocas cosas también.
Y tenía las manos bonitas como cuando me iba a decir que me quería y que nunca se iba a alejar tanto de la orilla como para que no pudiera verla. Por eso la creí. Porque tenía las manos bonitas. Esto de creer no es poca cosa me dijo una vez, porque quien cree en algo, tiene un motivo, o tiene una razón, y quién sabe, tal vez tenga una casa o un coche, o alguien que le besa al llegar a casa, o un gato o un perro, o una planta tropical africana que sobrevive a cualquier clima. Y por eso creí. Quería tener mi motivo o mi causa, algo a lo que aferrarme, algo que me salvara, un perro o un gato, qué sé yo, quería tener algo. Sólo algo.

Y es tan difícil andar con los ojos de espaldas..

viernes, 30 de marzo de 2007


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me da igual.

si viene no voy a correr para salvarme.

no voy a escapar.

no quiero estar a salvo. no quiero ser un cobarde.

no quiero ser lo que soy.

quiero que me cojas las manos y me digas que nunca más.

sólo eso.

¿lo puedes hacer?

jueves, 22 de marzo de 2007

Detrás de cada noche escribía tu nombre.

Cerraba la ciudad y recordaba tus ojos cuando todo era azul, y aún no existían las manos que me dejaron sin alas. Y no existían más cielos que aquellos que nos protegían del mundo.

Delante de mis ojos sólo aparecían inviernos abrazado a ti.

Todas las calles tenían la misma herida, y la Policía no dejaba de buscar al ladrón que se había inventado tu vida. La gente y los gatos pensaban en volver a casa, y en besar y en abrazar. Yo pensaba en ti, de aquella manera. Y no buscaba promesas ni equipaje. Ni siquiera sé si buscaba algo que no fueran tus labios para quedarme a vivir.

Luego vino el frío y todas las patrias extrañas, y un mar que siempre me decía que no ibas a volver.

Detrás de cada noche escribía tu nombre y te olvidaba. Y de vez en cuando sonreía sabiendo que no me ibas a querer.

martes, 13 de marzo de 2007

¿Y que compañía triste me ofrece la vida?
acaso, un lunar en tus labios, o un adiós sin disculpa,
acaso una noche contigo, y un puñal por detrás.

Y comerte, si es que se come el cielo.

Y qué náufrago suena el piano, si ya no me tocas.

Y qué absurdo el olor a preguntas, si no son para ti.

¿Y qué vida me ofrece la vida?

un trabajo, una casa, un olvido,
cuatro pares de hijos sin madre,
o algún lecho donde duermas conmigo.

Y qué necio, el espejo desnudo.

Y qué puta, la estancia en tu orilla,
si en el viento se huele tu nombre,
y no pongo mi otra mejilla.

Y qué gris, el olor a mentiras

¿Y qué vida me ofreces mi vida?
con historias ajenas y rotas,
que no alcanzan a ser tu pasado,

ni mi vida entre besos y rosas,
que no escribo
desde que me estás olvidando.

Y qué sola se encuentra la casa,
desde que no somos dos.

domingo, 11 de marzo de 2007

problemas de existencia y necesidad

Durante meses no estuve realmente dispuesto a creer que el olvido podía existir tanto y por eso me negaba a volver. Que la distancia era una mentira lo supe siempre, pero que era una mentira que dolía tanto solo lo supe al final. Dejé de creer en aquellas cosas que me pudieran hacer recordar o me pudieran doler mucho y bien. Dibujé una sonrisa en un papel, y rompí el papel en trozos tan pequeños que creí que había podido con todo. Contodo. En el espejo encontré el rastro de tantas noches pasadas que temía que ella se escondiera aún detrás. Pensé que la vida nunca cojones va a ser lo que merezcas sino lo que consigas, porque cuando terminen todos los partidos, y la gente vuelva a su casa el domingo, sólo habrá dos personas en todo el mundo que hayan preferido jugar bien y perder. El resto mirarán celosos a los perros de la terraza de enfrente, porque pasan del fútbol y del amor, y ¡joder! porque se pasan la tarde follando y comiendo mientras un montón de gente busca excusas para seguir viviendo.

Yo quiero ser un perro.
Yo quiero ser tu perro.

miércoles, 21 de febrero de 2007

exilio (y ahora resulta que todo era real)

¿Sinceramente? Ella no quería terminar debajo de aquel tren. Y no quería por una sencilla razón, y es que aun confiaba en algo. Normalmente las personas que terminan debajo de los trenes -y he conocido algunas-, no tienen mucho a lo que agarrarse, pero Elizabeth aún creía en mí. Y eso no significa que yo sea motivo suficiente para seguir viviendo, ni mucho menos. Eso sólo significa que si ella estuviera aquí tal vez me estaría cogiendo de la mano, o diciéndome que me quiere, tal vez me besaría y odiaríamos el mar.

Pero claro, en medio de cualquier lugar hermoso siempre hay una vía de tren, y eso sólo significa, que tú también puedes caer.

Todos querían algo mejor
…y yo sólo quería volver a empezar.