lunes, 23 de abril de 2007

En tus ojos se adivinan todas las despedidas y la distancia.

El olor de las cosas errantes que no van a volver.
El silencio que queda en el mar cuando todos se duermen y nadie te llama.

Y aquel ruidito de cristales rotos que ha de ser tu corazón –tiene que serlo-.
Como una sonrisa pintada en la cara de nadie.

Si aprietas las manos muy fuerte sabes que nadie te espera, y yo sí.

Un domingo por la noche fui a buscarte y estabas cerrada.

A veces los tigres me cuentan secretos que están en tus piernas, y azul. Y el timbre revienta como una última oportunidad para acariciarte.

Debajo del puente hay colas de suicidas fallidos que quieren volverlo a intentar. Y tú te la quieres jugar con los números pares.

¿Sabes porque la cago tanto? Porque de tanto quererte creí que eras real.

domingo, 22 de abril de 2007

decálogo de incertezas y a pesar de todo no me querrás

Yo necesito de ti y no es cuestión de tiempo, porque los bomberos también necesitan de los incendios y del fuego, y porque me gusta como sonríes. Y porque se me hace extraño, y ti, no eres tú, ni tú mejor amiga, ni todas las veces que me dijiste que no, o que pensabas mi nombre, o que creías en mi. Ti es un lugar que quiero descubrir, y que está cerca de tus manos y de tu manera de entender las cosas. De tu dulce manera de entender que no siempre podremos estar a salvo. Y arena y cafeína. Y te necesito porque antes no te pude saber. Y porque aunque no nos guste pelear tenemos nuestros ejércitos y no vendrá nadie a rescatarnos si no lo pedimos. No pedimos nada por ahora. Y porque hay flores estos días, y mucha tela por cortar. Y un pantalón manchado de sal y de lluvia que me contará como te puedo hacer feliz, o como se escribe tu nombre en verdad.
Me llamarás y no podré escapar corriendo.
No te puedo encontrar.

jueves, 19 de abril de 2007

un progetto di vita

A ella le supo a derrota, y yo solo la pude abrazar. Como cuando eramos felices y nada se parecía demasiado al olvido. Como cuando todavía teníamos intactas la fe y el corazón. Ella dijo que no volvería a pensar en mi, y que odiaría todas las cosas que hicimos juntos, y lo cumplió. Yo dije que detrás de todas las puertas hay algo de verdad y algo de mentira, pero que a pesar de todo la abrazaría todos los días del resto de mi vida y no lo cumplí. Y pensé que las promesas dolían tanto como el silencio, pero eran peores. También pensé que era más facil romper una promesa que un silencio aunque a veces parezca lo contrario. La miré como queriéndome morir en ese instante. Ella juró que la culpa no era del mar, pero yo sé que sí. Y que la culpa no era del frío, pero yo sé que también. Lloré. Supongo que de aquella manera en que lloran los que se han equivocado, o tal vez de un modo peor, porque yo elegí equivocarme. Cuando ella lea que no existo sonreirá, y querrá que sea verdad. Tal vez no, tal vez sólo querrá creer que es verdad, y en verdad da igual porque nada importa tanto. Ella nunca me quiso.
Y eso me supo a derrota, y ella no me quiso abrazar...

martes, 3 de abril de 2007

Yo no te prometí ni la vida ni tu suerte. Ni nada que no dependiera de mí o de mi capacidad para hacerte feliz. No te prometí virtudes ni defectos, ni siquiera maneras de huir corriendo si alguien nos quería olvidar. Ni un montón de cielos para ponerte a salvo, ni un colchón de estrellas donde pernoctar. Tampoco una sonrisa sincera todas las mañanas del resto de nuestras vidas, o una batidora de última generación. Ni más tiempo y menos dolor. No te prometí poder con todo, o aguantar hasta el final. Ni que después del mar abriría más mares, o lo borraría todo. Ni un par de patines, o una obra de teatro perfecta en la ejecución. Ni fingir que soporto a tus padres, o que con un beso te perdono todos los puñales. No prometí que la vida iba a ser un lugar hermoso, o que te iba a esperar por los días de los días, amén, amén, amén. Solo te dije que siempre iba a pensar en ti, y cuando digo algo lo cumplo.

Y por eso digo pocas cosas también.
Y tenía las manos bonitas como cuando me iba a decir que me quería y que nunca se iba a alejar tanto de la orilla como para que no pudiera verla. Por eso la creí. Porque tenía las manos bonitas. Esto de creer no es poca cosa me dijo una vez, porque quien cree en algo, tiene un motivo, o tiene una razón, y quién sabe, tal vez tenga una casa o un coche, o alguien que le besa al llegar a casa, o un gato o un perro, o una planta tropical africana que sobrevive a cualquier clima. Y por eso creí. Quería tener mi motivo o mi causa, algo a lo que aferrarme, algo que me salvara, un perro o un gato, qué sé yo, quería tener algo. Sólo algo.

Y es tan difícil andar con los ojos de espaldas..