jueves, 17 de mayo de 2007

say blood

Imbatible. Me sentía como los Mets la temporada sesenta y dos, y como los chicos que corren más que tú, y que precisamente por ello son mejores que tú. Corren tanto que pueden desaparecer de tu vista antes de que empieces a odiarles, y eso les otorga todas las ventajas.

Ardía la taza de café pero yo la cogía con fuerza y sabía que todo lo importante de esta vida me cabía en una sola frase, y que no iba a llegar tarde esta vez. También sabía que tú no me dejarías morir contigo, pero sí me dejarías morir por ti, y saber eso me hacía sentir como uno de esos chicos veloces. Me hacía sentir mejor que tú. Como si pudiera escapar de mi presente y de tu olor tan amarillo y exhausto.

También pensaba a menudo que esto era solo una intuición, y que en realidad yo era tu marioneta y no podía bailar si tú no movías mis hilos. Una apariencia de mi mismo, espectral. Como una cortina de humo, como una salida en falso en la final de los cien metros lisos de los Juegos Olímpicos.





Pero yo siempre supe que al segundo fallo estaría eliminado.

domingo, 13 de mayo de 2007

zapatos de tacón

Cerró la noche y tu ya no estabas aquí para escucharlo. Nada volvería a ser igual, ni siquiera el olvido, ni siquiera aquella manera estúpida pero sincera que inventé de decirte que te quería. Tuve miedo, como cuando el cielo amenazaba tormenta y no encontraba mi paraguas. Tuve miedo como todas aquellas veces en que movías los labios y no me decías nada. Y pensé que el equilibrio nunca está en el centro, porque nunca está a la vista. Porque el equilibrio no quiere ser una presa -tan- fácil ni un ejemplo de nada.

Camino a tu casa tarareaste aquella de los Hurricanes que decía que al final solo se recuerdan las cosas que duelen, mientras una chica rompía el cielo con sus propias manos y yo quería que el viento soplara muy fuerte y se lo llevara todo.

Y al final, ya ves, lo único que puedo te asegurar es que al despertar estabas más guapa que nunca.

martes, 1 de mayo de 2007

Nunca he matado un ángel pero lo haría por ti.

Y después te mordería los labios sin cesar como delatándome. Para que sepas que aunque no me atreva a decirlo puede que te quiera. Y te soplaría en las manos porque es lo ultimo que esperas de un imbécil con las manos tristes.

Me casaría con tus ojos y luego te lo contaría. Pero te daría igual que el cansancio que arrastren mis dedos sea blanco o negro. Y también el color del cielo del día en que me suicides y quieras que parezca que fui yo.

Te agarraría la cintura antes de caer. Porque caer es el paso más importante de cualquier baile y de cualquiera de todas nuestras próximas vidas. Y queremos hacerlo bien. Queremos saber caer.
Mataría un ángel como en una de aquellas películas y luego me entregaría a la policía, para que supieran que al menos tenía un buen motivo.