sábado, 9 de junio de 2007

verdad núm. 1 (la vecina del quinto) & después seremos mentira

. . . La vecina del quinto me recuerda a todas las primaveras y a todos los jardines. A una abeja a punto de picarme en la nariz. A una flor que elije como nombre ser feliz. Me recuerda que las casualidades no existen, suceden. Que un poco de lluvia te haría sonreír. Sonríe y me refresca la memoria como cuando tú cierras los ojos al cruzar.

. . . .Y aquélla mariposa se sabía nuestros nombres.

. . . .Me recuerda a aquel barquito de papel naufragado en manos de aquel niño. A un poco de arena en los zapatos, y a un “hoy no te llamaré”. La vecina del quinto me recuerda que aún no es tarde. Y que querer no es de valientes ni cobardes. A la canción más triste que escuché, pero sin miedo. A todo aquello a lo que un día renuncié. También dice que la vida es un pequeño huracán y que hay que saber escucharlo. Que con lápiz y papel nadie nos gana, y que te puedo dibujar mejor que bien.

. . . .A decir verdad ya no me quiere, y hay demasiadas pistas falsas por las calles, pero tengo amigos y tengo necesidades que explican sobradamente porque, por una vez, voy a creer en los vecinos.

mentira núm. 1 de la vida (tú) & vendrán más...


Cuando era pequeño tenía miedo de la noria, del cielo, de ti. No me subía a ninguna atracción que subiera más de un palmo del suelo, o diera vueltas más deprisa de lo que yo era capaz de quererte. No miraba a ninguna chica que me supiera como tú, te miraba a tí. Quería ser una bicicleta roja, o un ladrón. Quería verte pintar mis paredes, olvidarte. Decirle a todo el barrio que la chica más guapa algún día me quiso, pero que no iba a dejar sus sueños por mí ni por nadie. Y que estaba bien porque todos necesitamos una ilusión aunque no sea recíproca. Queríamos invierno y no estar tristes. Quería no pensar que las cosas suceden o no dependiendo exclusivamente de una moneda lanzada al aire. Colores. Quería creer. Gozabamos de perfecta salud y de mala memoria, como aquellos días de lluvia. Como aquellas canciones de cuna. Cuando era pequeño todo el mundo ardía en nuestras manos y nada ni nadie lo podía negar. Estábamos juntos. Sabíamos que tarde o temprano íbamos a encontrar un lugar mejor, un lugar en el que encajaríamos perfectamente, y también sabíamos que ese lugar podía doler, y no ser el mismo para los dos. Que nos podíamos cruzar en el metro y negarnos en silencio.


Se apagaron todas las farolas de la ciudad y algo de cielo. Los gatos salieron a buscar algunas vidas rotas, como los mendigos buscan su pasado y el hambre en la oscuridad. Como los niños idiotas se quieren y se besan y nadie les dice lo que está bien y lo que está mal. Y tú me dijiste que me querías.


Año 1993. Año 2007. Espejos.




Espero que sea la última vez que me dices te quiero y no me puedes querer.