lunes, 19 de noviembre de 2007

...compra dos de leche pero no te olvides de mí...



te quiero desde donde se encogen los ojos y el mundo. y las palabras desfilan desnudas tratando de ser más precisas. desde el baile que quiero que hagamos dormidos en la espalda de una hormiga. y la cerilla gastada que quema si no estamos solos.

te quiero desde hace algún tiempo y no me arrepiento. desde el balcón más oscuro del barrio del puerto. en la ola más triste que rompa en el viento. y en el faro más gris que acompañe a la noche.

te quiero en cuclillas desde mi ventana. y en el el labio más débil de cuantos besé. en la orilla del nudo de tus sentimientos. en el cuento que inventas cuando todo está bien.

te quiero desde donde la vida es más larga y el rastro se pierde. y puedes contar las estrellas del cielo sin perder la cuenta. desde donde la nieve se esconde en invierno y se rompen las manos de tanto soplar.

te quiero desde el mapa que marca las horas, y tiene prohibido decir que estás lejos. desde donde sea que quiera que quieras te quiero, y desde hace algún tiempo ya no me arrepiento

domingo, 11 de noviembre de 2007

...de porque todo el mundo tiene prisa y tú solo sonríes los domingos...


La tristeza de Julia, como casi todo en esta vida, nació de una promesa y una traición, y esa tristeza la acompañó para siempre como un perro lazarillo acompaña a su dueño, sin rechistar. Por supuesto a ella le hubiera gustado encontrar un motivo o un desliz para engañar a su propia mirada y creer que la felicidad existe más allá de los días en que todo era mejor, y él estaba con ella, y ella le quería a él, y la distancia a pesar de ser una mentira, no dolía tanto como todas las mentiras. Y bueno, a Julia también le gustaban otras cosas, como coleccionar azucaritos, o pintar retratos, hacía retratos muy buenos en verdad, y una vez le habían ofrecido exponer en la galería de la Calle del Sol, pero por problemas de timidez y arrepentimiento decidió no compartir su obra. Tenía un miedo muy grande a que alguien le dijera que eso no valía nada, y terminar pensando, si es que no lo pensaba ya, que aquello significaba que ella tampoco valía nada.
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La palabra miedo resume muy bien lo que ella sentía todos los días al vivir, porque no entendía este mundo como un lugar donde pasar los días, sino como un reloj en el que consumirse.
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Además irremediablemente.
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Pero yo la vi sonreír y sé que fuimos felices.