Creo en la música, en el ángel que me dijo tu nombre, en las noches que no terminan hasta que tú lo pides, en vasos rotos, en besos pocos, en los poemas que recitas de memoria pero que no alcanzas a comprender –yo tampoco, tranquila-, creo en la honestidad de una verdad en la frente, en los puñales manchados de acentos extranjeros, en las palabras precisas, y en los cirujanos lentos –vivir no es un deporte de mal gusto, es sólo una obligación-, creo en mis amigos y en mis enemigos, en los yogures Danone (no es publicidad subliminal, hicieron mi vida mejor), en la poca tecnología que es necesaria para que tú estés conmigo –ninguna-, en las canciones de Javier de Torres y Nacho Vegas –circunstanciales pero siempre certeras-, en el cambio mal repartido entre dos personas, en un diván de mentiras.
Creo en que todo cambia lo que tú dejes que cambie. Creo que serás una gran profesora, y que yo nunca podré aprenderte –no es cuestión de suerte el tenerte cerca, es sólo inercia, tú y yo podríamos desaparecer aquí y ahora-.
Creo en tu boca y en tus pies y en tus manos y en tus dedos. Creo en creerte porque a veces no es la fe la que me mueve, sino tus ojos.
Pero también pienso muchas veces que tú ya no ríes lo mismo y que es por mi.
Buscaría un remedio si tuviera una enfermedad.
Buscaría una enfermedad si me dijeras adiós.
Total, ya hace tiempo que no somos lo que un día prometimos, y a veces el viento sopla tan fuerte que no puedo ni creer en mi.
Creo en que todo cambia lo que tú dejes que cambie. Creo que serás una gran profesora, y que yo nunca podré aprenderte –no es cuestión de suerte el tenerte cerca, es sólo inercia, tú y yo podríamos desaparecer aquí y ahora-.
Creo en tu boca y en tus pies y en tus manos y en tus dedos. Creo en creerte porque a veces no es la fe la que me mueve, sino tus ojos.
Pero también pienso muchas veces que tú ya no ríes lo mismo y que es por mi.
Buscaría un remedio si tuviera una enfermedad.
Buscaría una enfermedad si me dijeras adiós.
Total, ya hace tiempo que no somos lo que un día prometimos, y a veces el viento sopla tan fuerte que no puedo ni creer en mi.

