lunes, 29 de diciembre de 2008

desde la habitación de al lado

A menudo te recuerdo. Pienso en lo irremediable que fue al principio acordarme de tus manos, de tu pelo, y de tantas palabras que construimos. También pienso en la necesidad de creer en los puentes, en los mares, en las nubes y en los gatos.

A menudo recuerdo la necesidad que tuve de creer en algo porque no creía en nada. No lo lamento porque me enseñó a seguir de pie y a no escapar corriendo una vez más. También supongo que fueron más el tiempo y el miedo los que me atraparon. Me podía haber pasado toda mi vida tratando de huir. Era joven y era veloz. Me aferré tanto a una magia que no existía más allá de mi sentimiento de indefensión que todos los trucos me salieron mal.

Ahora sé que nada de eso importa demasiado, y me conformo con recordar de vez en cuando que sucedió y que fue hermoso.
Con recordarte.