lunes, 20 de septiembre de 2010

y a veces atreverse -cuánto ruido- a no merecer un desengaño, a no mentir –esta no es mi vida-, y a desaparecer. nadie sabe –tú no estabas- que detrás de todo esto sólo quedan –las ví- cortinas de humo. vuelan las palomas mensajeras como vuela un crucigrama: ocho letras, acción de traerte a mi memoria. acción de patrullar por tu cintura –nada te asusta ya, ni los leones-. si lo dices muy rápido –puedes- no es verdad; si lo dices más rápido –podrías- tampoco es verdad. a quién le importa la velocidad -¿a quién?-. el sufrimiento era una excusa para no dejarme atrás, no pasa nada. algunas noches he vuelto a leerte entera –como se lee aquello que no se quiere perder- y el resultado ha sido el mismo. no se podía evitar y era cierto, el tiempo escapa más deprisa de lo que somos capaces de correr. queda la fe y las cosas diminutas. podríamos salir a bailar –última vez- y recordar como era aquello de pisarnos –con qué amor, con qué ternura-, o simplemente seguir disimulando –tanto monta, montó tanto- como quién no ve que le persiguen. yo ladrón, tú detective. encontrarás aquello que buscas, porque sabes conseguir lo que deseas. se volverá a empezar porque la vida ya daba vueltas –entonces- y tiene que seguir en ello. con qué alboroto recordar –ahora que aún puedo-los lunes en que me querías.

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deseo y sé que a una –gran- felicidad sólo pueden seguirla otras mayores. y esta es mi manera de decirte –lo supongo, no lo sé- que tú fuiste la mía.

lunes, 2 de agosto de 2010

tú en mi

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sé que existes porque te he inventado, y
no lo niego, es un riesgo que asumo:
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vivo esta vida entre tus manos porque tengo
una certeza muy confusa: puedes llegar a suceder.
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y a veces no hay riesgo ni fuga, y no hay disparos,
y sin embargo dejamos heridos
detrás de palabras como olvido, perdón o amor.

debe ser la forma exacta de tu risa.
puede ser el acorde en el que tú me miras.

cuando vuelvo sólo a casa y de noche,
ni temo al frío ni temo a esas ganas enormes
de abrazarte: sólo porque sé que no podré hacerlo.

otras noches -muchas- siento tremendo miedo a vivirte.
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como si en el reverso de tus ojos ya no existiera retina
busco encontrar mi pasado y no verte,
busco pensar un futuro y que nunca más me encuentres.
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odio el miedo de que nunca llegues.
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y piso el nombre que busco con unos pies ya cansados
de cruzarse el uno con el otro, toda una vida,
sin dejar más huella que tu sonrisa.
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tu sonrisa que no es poco, y que puede que
cuando ya no tenga nada, simplemente,
sea todo aquello que desee de ti en mi.
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porque a mi los lunes y las despedidas
siempre se me dieron muy mal,
y últimamente no hag0 más que irme.
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martes, 15 de junio de 2010

...no dejaré que nadie rompa lo que tú tenías que romper...

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Es una manera de decirlo.
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Ya no espero demasiado a que suceda porque tengo la certeza de que algo ha cambiado y lo ha hecho para siempre.
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Miro los caballos y me entran ganas de correr. Veo la portada de aquel libro y recuerdo la forma en que tus dedos lo sujetaban y me entran ganas de correr. Siento que una gota helada llena de frío mi espalda y mis días y mis noches y mi vida y tu garganta y me entran ganas de correr. Leo que mañana volverán a arder las calles y los bosques y los besos que nos dimos y las manos que alguna vez me acariciaron como a un perro manso y fiel y me entran ganas de correr. Pienso en tu silueta y en tu nombre y en tu ropa y en tus ojos y en tu forma de silbar nuestras canciones y me entran tremendas ganas de correr.
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Sueño con que vuelves y te quedas y me dices que "para siempre" significa que cuando alguien vea, sienta, lea o piense exactamente lo mismo que yo estoy diciendo ahora será porque yo habré corrido tan rápido, tan fiel, tan veloz y tan exacto que estaré otra vez contigo.
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Y que entonces, tremendas ganas de vivir y de hacerlo a tu lado.

viernes, 26 de febrero de 2010

...soñarte agua y convertirme en lluvia...

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No tiene nada de especial ser capaz de quedarme sin palabras aproximadamente la mitad de los días de mi vida cuando te tengo delante. Nada.
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Si pudieras ver a través de las cosas tal vez podrías apreciar mejor el valor de los silencios, o lo que se esconde en un simple suspiro. Existir.
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Cuando cruzas la calle y no miras a los lados porque estás segura de que estás a salvo podrías comprender porque yo ya no lo repito demasiado. Que se puede.
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Es volar uno de mis mayores temores, pero mira, de a poco uno se acostumbra incluso al miedo y a vivir acojonado mientras piensa en ti. O contigo.
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Que si tú eres cualquier cosa que me duela yo quiero ser cualquier lugar donde te vi.
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Y que si en mis sueños eres agua yo voy a querer llover el resto de mi vida.

sábado, 6 de febrero de 2010

aullar todas las noches de nuestras vidas

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("donde el silencio se puede tocar y morder,
dime quien nos protegerá,
de cada curva y de lo que hay detrás"
Nacho Vegas - Marquesita)
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Muchas noches salgo de casa con la convicción única y letal de que sólo con desearlo podrías hacerme (tanto) daño desde cualquier rincón del mundo, mientras sobrevuelas cualquier ciudad, cruzas cualquier calle o deja de sonar cualquier canción. Y eso me hace pensar en todas las cosas que en esta vida logramos hacer a los demás sólo con desearlo mientras todos y cada uno de nosotros salimos a la puta calle con las mismas ganas de que sea sencillo, de que sea jodidamente sencillo. Pero no siempre puede ser.
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Imagino lo que estarás pensando ahora mientras piensas lo que yo estoy imaginando.
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La vida es a la yugular,
sino ni es vida, ni es mundo,
ni es manera de amar.

viernes, 1 de enero de 2010

irrepetibilidades (...o la probabilidad contra la lógica aplastante de la vida...)

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"Un, dos, tres, cuatro y sonará la orquesta..."

Quique González

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Hay en la vida cosas irrepetibles, que no duelen:

un manso amor de juventud,

aquella visita juntos al lago de Wanssee,

la edad en que no existe la conciencia y sí el deseo,

o un paraguas que se rompe cuando más le necesitas.

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y ello sucede porque cuando quiere es muy traidora,

y no te deja arrepentirte de tus actos, o recordar que sigues

siendo aquél joven malditamente torpe con las manos

al tratar de arrebatarle el corazón a aquella chica.

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pero siempre hay puntuales excepciones

que te atraviesan con desgarro,

como no poder volver por vez primera a conocerte, y

titubear cuando pregunte por tu nombre, y me equivoque

con el mío, y me ponga a pensar que no quiero en esta vida

más que un sitio, pequeño y absurdo, para pasarla, toda, entera, contigo.