domingo, 18 de noviembre de 2012

noches árticas

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Existen noches en que ya no te deseo,
y en que sueño túneles, y abrazos y tormentas,
en que veo avionetas estallar contra mis ojos,
y una luz, pequeña, al fondo del pasillo.
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Suceden noches en que ya no te deseo,
y envidio a aquél mendigo al arroparse en sus harapos,
en que brillan, tristes, las farolas de tu calle,
y una voz, quebrada, me susurra tras la puerta.
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Vienen noches en que ya no te deseo,
y no escribo más poemas en tu falda,
ni soy capaz de comprender porque existimos.
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Vendrán más noches en que ya no te desee,
y en que quiera que la vida se convierta
en algo estúpido y sencillo que dure para siempre.

miércoles, 25 de julio de 2012

te inundaré la vida

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te llenaré los ojos de guirnaldas,
y la boca de flores.
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reuniré valor, y
cumpliré promesas nunca dichas.
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tendré un beso siempre,
un pensamiento,
en la punta de la lengua.
y para ti.
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con una sonrisa frágil
sabrás hacerme feliz.
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vendrán días alegres y otros que no,
y con la travesura fugaz
de una tormenta de verano,
en el recuerdo quedará solo lo bueno.

nuestra memoria tendrá,
algo de esta ciudad mediterránea,
pero también mucho de sueños
que aún no hemos tenido.
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y habitarán las palabras
en el lugar donde un día
mis dedos te acariciaron.
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y hará frío y habrá niebla,
o acaso el calor derretirá
nuestros cuerpos abrazados,
pero estaremos juntos.
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porqué así es el futuro.
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un juego donde siempre ganamos,
los que en el presente estamos,
pensando en decírtelo todo,
la próxima vez que te veamos.

viernes, 8 de junio de 2012

memoricismos

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A veces me sorprendo abrazando tu recuerdo.
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Tu recuerdo que no es otra cosa que humo, o un cigarro mal apagado entre los libros y ceniza por el suelo, o una esquina del colchón mal colocada, o un camión cruzando en rojo un semáforo en medio de la noche en esta ciudad que no le importa nadie y, poco a poco, a mí, menos.
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Tu recuerdo que siendo tantas cosas me duele tantas veces y de tantos modos y por tanto tiempo, tanto, tu recuerdo.
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Y a veces me sorprendo recitando de memoria tu cintura, de memoria, los cabellos que dejabas enredados en la pica, tus camisas tendidas con prisa y torcidas –como un renglón equivocado de la vida-, la suciedad de la cocina después de tantas fiestas, y tus bebidas y licores favoritos. De memoria.
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Y de cuán poco nos sirven la memoria y el recuerdo si esencialmente y por encima de todas las cosas, venimos a ser, a día de hoy, un poco de olvido y un poco de lamento.

domingo, 1 de abril de 2012

conocerte, al fin

Conozco bien la silueta de tu cuerpo y el enigma que desprenden tus recuerdos. Todos tenemos un pasado del que huir corriendo y otro al que regresamos de puntillas a recoger nuestro presente. 

Y no tengo miedo ni del uno ni del otro. Ya corrí: ya devasté todo mi tiempo. Ahora vivo aquí, feliz, contigo.

Veo tus ojos que me miran y atraviesan, y que me hacen sentir tan inseguro como a salvo, tan roto como tuyo, tan nada. Y los deseo, y quiero estar frente a ti, y que me atraviese tu cristalino, tu córnea, tu instinto. Como un soldado decidido a darlo todo a cambio de un último disparo: frontal y seco, a mi epicentro.

Y toco tus manos y sé que el tacto que desprenden, algo seco, tiene mucho que ver con el invierno. Y que ese frío que te hiela solo existe cuando duermes. Que si estás despierta o triste, o desnuda, o que si me echas de menos, desaparece. Porque todo lo que amo, empieza y termina en la yema de tus dedos.

Y tus labios, esa boca, ese rojo, esa muerte y ese fuego. Ese mordisco incesante que me arranca el sentimiento más brutal desde que tengo, o imagino tener, uso de razón. 

Cuando tu voz no disimula, cuando gritas, cuando gimes, cuando estas en la cresta de esa ola que es la vida, y superior a cuanto existe y ves, y a lo que nos rodea, al tiempo, al vicio, al exilio, a la marea, me desarmas cuando dices: lo sabía.

Lo sabías, lo sabías, y ahora yo también lo sé: que la vida es, en gran parte, que tu estés aquí en la mía.