viernes, 8 de junio de 2012

memoricismos

-
A veces me sorprendo abrazando tu recuerdo.
- 
Tu recuerdo que no es otra cosa que humo, o un cigarro mal apagado entre los libros y ceniza por el suelo, o una esquina del colchón mal colocada, o un camión cruzando en rojo un semáforo en medio de la noche en esta ciudad que no le importa nadie y, poco a poco, a mí, menos.
- 
Tu recuerdo que siendo tantas cosas me duele tantas veces y de tantos modos y por tanto tiempo, tanto, tu recuerdo.
- 
Y a veces me sorprendo recitando de memoria tu cintura, de memoria, los cabellos que dejabas enredados en la pica, tus camisas tendidas con prisa y torcidas –como un renglón equivocado de la vida-, la suciedad de la cocina después de tantas fiestas, y tus bebidas y licores favoritos. De memoria.
- 
Y de cuán poco nos sirven la memoria y el recuerdo si esencialmente y por encima de todas las cosas, venimos a ser, a día de hoy, un poco de olvido y un poco de lamento.