martes, 8 de diciembre de 2015

el azul

en un momento de la vida el azul definió mucho más de lo que soy capaz de reconocer. fue una manera de recortar distancias. fue el fondo de un mar que había que sobrevolar. el lienzo de un cielo que nos protegió. significó a partes iguales esperanza y tristeza, y nos dio motivos para seguir creyendo. juntó en cuatro simples letras mi amor por ti y tu ternura por mi, pero no al revés. significó que si alguien cerraba fuerte las manos nos podríamos esconder dentro. y tuvo sus canciones y las disfrutamos. magnificó un sentimiento que por encima de todo fueron ganas de poder ayudarnos mutuamente. de protegernos el uno al otro. se presentó como indestructible pero pronto mostró síntomas de poder resquebrajarse. y con él nosotros. el azul fue una coraza que nos salvó del frío. un abrigo que detuvo muchos golpes. a todo lo que daba miedo lo adjetivábamos de tal, y nos sentíamos más fuertes. fue una cabina con luz en medio de la noche. fue honradez y lealtad por una idea que aunque al final se demostró equivocada nunca dejó de ser auténtica. cuando necesitábamos luz, iluminó. cuando necesitábamos fe, también. luego vino todo lo de siempre, saber que existen otros colores, otros ojos, otras manos. pensar si acaso lo de los gustos no es en realidad solo una necesidad. algo absurdo, al apego al cromático sentimiento de tener nuestro porqué. sentirnos diferentes. especiales. 
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y un día el azul dejó de ser lo importante para ser lo que un día importó. como ocurre con casi todos los colores. como todo lo que un día queda atrás. pero aún así merece todo el respeto y el amor por lo que supuso, fue y nos dio. y por todo lo que un día le dará al mundo de los que un día tropiecen con él y no quieran saber de otros matices.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

lo que sé del amor

de casi todo de lo que hablo no sé, 
pero de echarte de menos sí.
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hasta dónde yo recuerdo el amor era una palabra, una forma de abrazarte, un nombre -inmutable-, lo dicho y lo no dicho, nuestras tardes de domingo, una bicicleta compartida, mensajes a medianoche, un cena para dos, lo sencillo, lo erótico y lo festivo -o ambos dos-, también lo vulgar, miradas de reojo, algún guiño, el miedo, las manos apretadas contra el frío, una bufanda azul -y todo lo que...-, un libro -ese-, un poema -todos-, y mirarte a los ojos como si existiera un algoritmo que yo pudiera ser capaz de comprender: saber desde el principio que él y yo siempre seríamos mejores contigo.
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también era entender que para romper un corazón primero habría que encontrarlo.
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y desear que una misma persona fuera para otra casa, refugio y ciudad
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aceptar que nunca nos comprenderíamos del todo.
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y a pesar de ello quererte y no poderte evitar.