A tientas he rozado muchas noches
el paso lento de las horas,
y tus labios con perfil de
guillotina.
Y he rezado en el silencio de las
mismas
pidiendo deseos que sé que no se
pueden cumplir:
son como espinas.
.
Pero de todo ello he aprendido
dos lecciones:
a no quererte con rabia, porque
duele,
y a no creer en tu regreso,
porque puede suceder.
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