jueves, 6 de julio de 2006

Tus ojos grises manchados de mí y los perros atropellados y hermosos. Los baúles vacíos, las lágrimas ensangrentadas y la distancia. Las noches más cortas que cualquier noche en que me olvidaste, y más tristes que todos los besos robados a punta de pistola. El río donde naciste. Las manos que no mecieron tu cuna, ni cortaron tus cabellos. Las dudas que sembraste y nadie recogió. Las miradas que ya no me encuentro al volver de noche. Los álamos benditos, que se regocijan de mi soledad. Lo cruel de saber que ya nunca estamos vencidos, y lo peor de todo es que sepas que falta lo peor por llegar.

4 comentarios:

  1. Muestra usted todo un torrente creativo en su blog, rompiendo moldes y publicando una entrada sin título.

    Enumeración sabinera, pero en plan no-lamentable.

    X.

    ResponderEliminar
  2. Me has recordado unos versos de Mario Benedetti:

    "... Hay una alegría extraña
    en saber que aún podemos
    estar tristes... "


    Y algunos todavía andamos colgados...

    ResponderEliminar
  3. hay veces que no entiendo nada y otras que nada tiene sentido...

    ... no se en que momento estoy...

    pero...

    lo peor de todo es que sepas que falta lo peor por llegar.


    como siempre, genial.

    ResponderEliminar
  4. Lo peor siempre llega pero lo mejor también, viene justo después de lo malo (¿o era antes?).

    Un abrazo

    ResponderEliminar