domingo, 13 de mayo de 2007

zapatos de tacón

Cerró la noche y tu ya no estabas aquí para escucharlo. Nada volvería a ser igual, ni siquiera el olvido, ni siquiera aquella manera estúpida pero sincera que inventé de decirte que te quería. Tuve miedo, como cuando el cielo amenazaba tormenta y no encontraba mi paraguas. Tuve miedo como todas aquellas veces en que movías los labios y no me decías nada. Y pensé que el equilibrio nunca está en el centro, porque nunca está a la vista. Porque el equilibrio no quiere ser una presa -tan- fácil ni un ejemplo de nada.

Camino a tu casa tarareaste aquella de los Hurricanes que decía que al final solo se recuerdan las cosas que duelen, mientras una chica rompía el cielo con sus propias manos y yo quería que el viento soplara muy fuerte y se lo llevara todo.

Y al final, ya ves, lo único que puedo te asegurar es que al despertar estabas más guapa que nunca.

1 comentario:

  1. Le lanzo un abrazo al viento a ver si te llega, y de paso me recuerdo que te debo una caja y unas conchas en instantánea.
    ¿Alguna novedad?
    Un besito

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