sábado, 12 de febrero de 2005

un cabello

Guardo uno de tus cabellos,
en mi maleta para viajes urgentes,
en el cajón de los sueños,
y en el frío de mi soledad,
para anudarlo a mi dedo, a mi sien,
para llevarlo el edén
del silencio de nuestra habitación,
o a tu rincón favorito en la casa,
Lo guardo como un tesoro
que no vale nada, o vale muy poco
salvo para el guardián que lo cobija
incluso con su vida,

Lo guardo para noches calientes,
con allanamiento de moralidad,
y pecados de creyentes,
para hastío y verano en la calle,
pero frío cercano
en nuestro frente de batalla

Te he extrañado un siglo,
y te fuiste ayer a las doce,
que largo el dolor sin olvido,
que duro
aterrizar sobre flores con espinas
después de dormir en las nubes,
después de quererte sin vida

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